Me estaba tomando un café con dos conocidos en El viejo muelle, en la trasera de Venegas.

De repente se acerca un señor entrado en años y, con toda corrección, me interrumpe para preguntarme si le conozco. Le contesto que no. Que lo siento. Que su cara me suena, pero no le conozco o no caigo.

Sonríe y me espeta un: “Pues soy Luis Hernández”. Me puse en pié de un salto, pero antes de que me diera tiempo a preguntarle qué diablos había declarado referido a mí, comenzó a relatarme una historia totalmente diferente de la publicado por Canarias 7, hace ahora unos diez días.

No. No voy a contar ahora lo que me dijo. Entre otros motivos, porque aún no tengo en mi poder la copia de su declaración y las diligencias correspondientes, que ya he solicitado.

¿Por qué cuento entonces ese encuentro? Porque mañana intervengo en una radio, me preguntarán por Luis Hernández y, ahora sí, voy a tener que decir que le conozco, desde este lunes.