A lo mejor podemos coincidir en que éstos de El agitador son una panda de irreverentes. Sus malditos chistes llegan a ser escatológicos en alguna ocasión y políticamente incorrectos en todas. Por si fuera poco, están quinceemeizados a tope. Pero, mira tú por dónde, se meten unos picos increíbles de pura libertad en vena.

Se han permitido ejercer su derecho a la crítica señalando los vicios y malas artes de políticos, empresarios, periodistas...y, como en el caso de la sentencia que ahora conocemos, algún fiscal.

A diferencia de periodistas a sueldo o de grupos mediáticos financiados por la mafia del ladrillo, sus chistes no han sido pagados, tal vez porque no tienen precio. Guste o no, lo cierto es que lo han hecho como un servicio y nos han brindado, con menos frecuencia de la que me gustaría, su humor ácido y oportuno.

Tan ácido y ¿oportuno?, que no han sido pocas las ocasiones en las que me hubiera gustado que miraran para otro lado. Que se olvidaran de mi, de mis compañeros y compañeras, y de mi partido. Dicho en plata, que me han tocado las narices. Eso es lo que tiene dedicarte a leer lo que publica gente independiente.

Pero a lo que iba, que desde ese quince de octubre de dos mil seis, en que nos avisaron de que estrenaban web, hasta hoy, han publicado 772 retratos valientes y comprometidos. Han dibujado un relato estremecedor de componendas, trapisondas, torpezas, corruptelas y corrupciones que permiten entender quienes somos y por qué somos como somos.

Ahora, cuando la venda con la que la Justicia se tapaba los ojos la utilizan para amordazar a El agitador, quiero darles las gracias y reconocer públicamente que admiro y respeto su trabajo, por más que recuerde las veces que he podido sentirme maltratado o molesto por el ejercicio de su independencia.

Por eso, desde aquí y en lo que valga, gracias de nuevo a El agitador y cuenten conmigo para lo bueno, lo menos bueno y lo malo, porque yo también (si me dejan) soy El agitador.

Suerte amigos, un abrazo muy fuerte...¡y no paren!